
Hay bodas que, desde el principio, sabes que serán especiales. La boda de Nía y Pedro en La Dehesa de Don Pedro, por supuesto, superó todas las expectativas. Fue una boda con alma, llena de detalles únicos y momentos que, sin duda, quedarán grabados para siempre.



Un escenario lleno de historia y amor: La Dehesa de Don Pedro
Cuando visité por primera vez La Dehesa de Don Pedro en agosto de 2021, el lugar todavía estaba en construcción. A pesar de ello, era evidente que el espacio tenía un potencial increíble. Sin embargo, era difícil imaginar cómo todo estaría listo para mayo del siguiente año. Algo me decía que la familia de Pedro, con todo su amor y dedicación, lo lograría. ¡Y vaya si lo hicieron!
El resultado fue espectacular. Este hotel boutique no es solo un espacio físico, sino también un reflejo de la pasión y esfuerzo de una familia que soñó con crear un pequeño paraíso. Además, la dehesa no solo fue el escenario, sino también parte del alma de esta boda. Rodeada de olivos y montañas, con un aire de tranquilidad y belleza natural, fue el lugar perfecto para esta boda en La Dehesa de Don Pedro.






Fusión cultural: Sabores de Perú, Sevilla y Extremadura
Por otro lado, algo que me emocionó desde el principio fue la idea de fusionar las raíces de Nía, de origen peruano, con las de Pedro, sevillano y extremeño. Ambos querían que su boda fuera una mezcla cultural que reflejara quiénes son, y lo lograron principalmente a través de la gastronomía.
Cada bocado era un viaje: platos con toques peruanos, sevillanos y extremeños sorprendieron a los invitados, quienes, además, llegaron desde distintas partes del mundo. La cocina, por tanto, se convirtió en un lenguaje universal que unió culturas y familias en una experiencia inolvidable.

Decoración personalizada: La esencia de Nía y Pedro
La decoración fue una de mis partes favoritas de esta boda. Nía, que además de todo es ceramista, puso su toque personal en cada detalle. Desde los platitos de barro con los nombres de los invitados hasta los soportes para los números de mesa, cada elemento estaba lleno de amor y creatividad.
Elegimos una paleta de tonos tierra: marrones, beige y un toque de verde que se integraba a la perfección con el paisaje. Incluso las flores, con un protagonismo absoluto, se trabajaron en tonalidades marrones para destacar en la decoración y reflejar el estilo natural y elegante de la pareja. Fue un trabajo arduo; sin embargo, el resultado fue mágico.








La fiesta perfecta bajo la carpa beduina
Por último, el momento cumbre llegó con la fiesta, que se celebró bajo una carpa beduina. Esto nos permitió integrar cena y baile en un solo espacio, al estilo de las bodas peruanas. Fue una celebración continua, sin interrupciones, donde la energía y alegría se sentían en cada rincón.
Además, la iluminación cálida, el mobiliario cuidadosamente elegido y la música crearon un ambiente único. Invitados de todas partes del mundo se unieron para celebrar el amor de Nía y Pedro, olvidándose del tiempo mientras disfrutaban del paisaje, la comida y la compañía.



Una boda inolvidable en la Dehesa de Don Pedro
Mirando atrás, la boda de Nía y Pedro no fue solo una celebración. Fue la culminación de meses de trabajo, emociones y sueños compartidos. Cada detalle, desde la decoración hasta la música, contó su historia y reflejó el amor y la conexión de esta pareja tan especial.
Para mí, fue un privilegio formar parte de esta boda tan auténtica y llena de vida. Estoy segura de que para todos los presentes fue una experiencia única en La Dehesa de Don Pedro que nunca olvidarán.

Fotografías: Juanma Gómez
Organización, diseño y decoración: Renata Enamorada



